domingo, 26 de septiembre de 2021

14. Para escucharse hay que callar.





Aún no comprendo bien cómo avanza mi estado extraño de agotamiento y sueño cada dos por tres, sin duda alguna a mí este otoño me ha llegado como una plancha... Me pregunto si se pasará pronto...


Estoy escuchando esta canción. 


Lo que me ha conseguido atrapar el día lo he suplido limpiando. Me he acordado mucho de que cuando vivía en Zaragoza, sin saber que ese estado incómodo que me venía se llamaba ansiedad, me ponía a limpiar la casa como una patena como ejercicio de relajación.



Verlo todo limpio y ese olor a semana a estrenar me calmaba mucho. Por la mañana disfruté mucho de la tormenta y la lluvia unos días atrás. Desperté a las seis de la mañana bajo los truenos amables, tanto me apaciguaron que me quedé dormida un par de horas más. La oscuridad ayuda mucho en el día para dormitar cuando la noche no te permite caer rendida...



Hoy no me apetecía cocinar, así que como nunca hago alubias decidí abrir un bote, creo que mañana haré un revuelto de patatas con acelgas. Sin más dilación, hablando de lo absurdo que a veces me resulta el tiempo que dedico a cocinar e ingerir alimentos y a masticarlos como bien argumentaba Beatriz Montañez en Niadela y la pereza al acto de masticar, me dispongo a seguir con este pensamiento dominguero.



Esta tarde me he cansado de estar conmigo misma, rara vez me ocurre, pero veo necesario saber estar contigo mismo incluso cuando no te soportas. No siempre las cosas nos salen como y cuando queremos, no, es lo que hay. Así que en un atropello por querer quitar algo de polvo he sacado unos bancos de plástico afuera y los he limpiado a golpe de chorro de agua. Nunca te fíes de tu vista, sigue tu instinto: esa araña que parece muerta no lo está, está muriendo pero no está muerta así que si ves que es una araña reclusa parda ni se te ocurra retirarla con las manos. No lo he hecho, no hay drama. He abierto una puerta que nunca se abre, de esas que tienen una pequeña apertura para que la puerta se haga más grande, he pasado la fregona y aquello que parecía otra reclusa parda tampoco estaba muerta, hoy he visto tres.



Mi autoterapia a veces consiste en cambiar las cosas de orden y limpiar, hace años pensé que tenía un problema con la limpieza, me decía una amiga “tía, tienes que parar, hay vida ahí fuera para ti”. En aquellos momentos comencé a darme cuenta de que la obsesión no era con la limpieza sino con la paz que ésta me producía. 



Empecé a vivir, a leer un montón de libros, a salir y pasarlo bien y a limpiar lo justo y necesario. Con esto solo quiero hacer una pequeña reflexión acerca de la naturalidad que tenemos de observar una obsesión o algo parecido como un problema cuando en realidad el problema subyace en otro motivo, en otra razón, en otro problema que incluso no somos capaces de ver, simplemente lo obviamos o no queremos verlo.



Hoy dejé que la tormenta me limpiase por dentro respirando su olor.

Hoy dejé que el día me permitiera echar de menos recibir un correo.

Hoy dejé que el hastío y el tiempo perdido me llenara por dentro.

Hoy dejé que las llaves pasaran el día dentro del bolsillo.

Hoy las palabras no me parecieron tan interesantes como el silencio.”



Pasamos el día usando palabras que sobran, pasamos el día pensando con palabras que estorban, pasamos el día con un idioma que de haber desconocido bastaría con alimentarse, dormir y hacer trueques... A veces el silencio basta, el silencio sana, por eso existe la meditación, traemos al presente el pasado más lejano, el origen más certero.



Hoy vuelvo al silencio, porque el silencio cura.



Bendito y maravilloso silencio mientras escucho las teclas de la máquina de escribir... 


Bendito silencio, bendita tú eres entre todas las personas que me leen. Bendita natura que sana con su sonido y su olor, bendita madre tierra que alberga la vida y la muerte, porque la vida es así: una línea que comienza y llega a su fin.


domingo, 12 de septiembre de 2021

13. Los gatos.

 Esta soledad no es tal cuando los gatos se acercan a mí. Es curioso porque son callejeros, salvajes y no se dejan tocar. Sin embargo, toleran mi presencia cerca.




El primer gato en el que me fijé fue uno negro, apareció poco después de mayo, es pequeño y de ojos verdes, siempre pulula cuando yo salgo fuera a que me de el aire al final de la tarde. Nunca fuerzo la mirada ni me acerco demasiado, sólo disfruto de sus visitas. Estos dos últimos días me río bajito cuando al regar las plantas con una manguerita se entretiene jugando con ella, debe pensar que es un animal con vida propia al moverse cuando tiro de ella. El gato negro me despierta ternura, le llamo Gato.



Hay otro gato más grande, es blanco y negro, este se suele acercar a mí con más proximidad que el negro pero tampoco busca caricias, hacemos breve contacto visual y no se inmuta cuando paso al lado. Un día de esos en los que estaba perfectamente aburrida y no me salía nada (ni leer, ni escribir, ni grabar...) me dediqué a observarle por la ventana. Estaba bajo las sombras de árboles, un rato tumbado, otro sentado, mirando hacia arriba, mirando hacia los lados, como si estuviera esperando a alguien durante horas, con la paciencia de un monje budista que disfruta de la capacidad de estar presente, ni siquiera de ser. Volvía de comer algo y resulta que estaba sentado como de costumbre, apoyado en el trasero sobre una piedra rectangular. El Filósofo le llamo, desde aquel día.



Otro día vi una gata recién parida, se le notaba en las mamas y su piel flácida y estirada, tenía unos tres gatitos pequeños rondando. Decidí no acercarme por no hacerle moverlos de sitio a la madre, pero creo que igualmente no dio resultado. Ella es huidiza, se nota mucho su instinto protector, en cambio, otra actitud completamente diferente me sorprendió ayer.



Estaba comiendo en la salita cuando de repente escuché un maullido de un pequeño felino. Miré a la ventana, un pequeño gatito maullaba y miraba por la ventana, quise hacerle una foto pero reculó rápido hacia atrás. Abrí la ventana y observé a una madre que me miraba fijamente con el cuerpo sentado y tranquilo, y los dos gatitos con ella, mirándome tranquilos. Supuse que querían comida pero no tenía ni un cacho de pan para darles. Se me hizo muy raro, es la primera vez que una gata se me acerca con sus cachorros, no he sabido adivinar si querían comida o era una forma de decirme que necesitaban ayuda, no conseguí comprenderlo en el momento.



A veces me da por soñar despierta que Lía se comunica con todos los gatos y me los manda para que me cuiden, tal vez simplemente es que les transmito confianza o en definitiva, quizás sea la loca de los gatos ya a los treinta años, nunca se sabe...



La conclusión de hoy, domingo, sin duda es que esos gatitos querían entrar a cazar un ratón. Hoy me he encontrado un aroma fétido en una habitación donde nunca entro, iba a limpiar y ventilar y me ha costado 2 horas encontrar a un ratón muerto. Horas más tarde, mientras comía y escuchaba un audio de una persona que ha reaparecido en mi vida a la vez que el ratón muerto, vi otro pequeño y vivo. 



Al pobre iba a echarlo por la puerta con el recogedor, acabé aplastándole sin ser esa mi intención, escuché su chillido cuando era demasiado tarde. Había pensado mucho en los motivos por los que había desaparecido esta persona y, aunque podía intuir una razón de peso, dejé marcharla en mis recuerdos. Al volver a tener contacto conmigo y coincidir un ratón muerto y otro vivo el mismo día, llevo todo el domingo cansada y con sueño, sin llegar a ninguna conclusión, pero pensando en si realmente se esconde una metáfora detrás de todo esto.


También se me ha roto la fregona.



domingo, 5 de septiembre de 2021

12. La carta que no te envié.

Puedes escuchar mientras esta canción. 


Estaba con un nudo en la garganta, contigo atragantado. Hace un rato casi sucumbo al llanto pero pauso, hace meses que convivo con tu ausencia. Nunca llegué a contarte lo verdaderamente importante. Tampoco llegaste a preguntarme. No caíste en la falsa educación de preguntar sobre aquello que realmente no te importaba. Tampoco diste explicación, desaparecimos como el polvo cuando hay viento. Yo marqué el stop y tú cambiaste de dirección. No te culpo a ti, le culpo a mi curiosidad por imaginar cómo sería ser tu hermana en tu salón. Quiero llorar y gritar en el vacío, suplicándole a este saco de boxeo que me de un solo abrazo, ese abrazo.


Qué tristeza de día, entre nostalgia pesada y unos labios cosidos que me impiden decirte que te echo de menos. Me enseñaste muchas cosas, como por ejemplo, entender que quien parecía tu mejor amigo podría ser en realidad tu verdugo. Lo supe cuando intenté hablarle de ti a uno de ellos. Fue comenzar a mencionarte y su cara de “me importa un mojón” lo dijo todo. Podía escuchar telenovelas de otras personas pero no aquello que a mí tanto me importaba. Había vuelto a creer en el ser humano gracias a ti. No en la humanidad, pero sí en pequeñas grandes personas a pesar de la distancia.



La nostalgia hoy me pesa tanto que me lleva este día nublado al otoño en el que te conocí. En el mismo lugar me siento a escribir, huyo del sol al sur y me siento en una ventana oscura que da al oeste. La pena me pesa. Las letras se juntan y separan recordándome nuestra unión y alejamiento. Pienso en todo lo que recuerdo, en todo lo que me enseñaste. El duelo de echarte de menos se complementa con reafirmar mis razones. 



No sé en qué momento pasó pero tú comenzaste a ser mi casa. Estabas lejos pero te sentía cerca, la confianza nos inundaba y la amistad se forjaba poco a poco, a fuego lento y sin forzarse. Era natural, salía sola. Joder, me daba pereza conocer a más personas, sus virtudes y defectos. Es cierto que puedo con tu orgullo, pero no con tus venazos. Contigo aprendí muchas cosas, como que la gente viene y va y no has de fustigarte por ello, y a los de siempre o los que quieres para siempre has de cuidar. Contigo aprendí a parar, a volver a decir “te quiero” a una amistad, y también a establecer límites, aquel que acabé clamando. Siempre te echaré de menos, pero no tu mal tono. Cuando te conocí sin conocerte supe que te quería para siempre, podría ser tu hermana, tu amiga, tu escudera de aventuras y tristezas, pero no de batallas confrontadas. Esas sobraron, fueron dos, pero no necesitaba más. Ojalá nuestros “te quiero” hubieran cruzado el mismo idioma. La conexión mutua no surge todos los días, es como los eclipses, o las conjunciones de los astros. Ojalá nos hubiéramos cruzado en el nodo y no hubiéramos estado cada uno en zonas diferentes. Quizás estas ondas vuelvan a cruzarse, que cuando yo estaba en la cresta tú estabas en el valle y viceversa. Las películas siempre nos vendían la idea creepy de aparecer por sorpresa, como si eso fuera idílico y no algo de lo más extraño. En verano he descubierto música nueva que me ha recordado a cuando nos pasábamos música que nos gustaba, cuando veíamos algún capítulo a distancia a la vez. Ojalá la vida nos diera una sorpresa. No me gustan las sorpresas, pero si formases parte de una podría soportarlo



Hoy ha sido un día duro, de esos en los que los recuerdos te aturden y te caes mal a ti mismo porque te pesa la nostalgia, la apatía y hasta tú mismo en un fango. Te metes en el lodo y no sabes cómo salir o si esperar a que acabe el día para que alguien te rescate. Hay días que es mejor no moverse, por si te hundes más. Hace años que no uso una bañera para darme un baño, hoy es uno de esos días en los que me encantaría poder bañarme con una copa de vino al lado, o un gintonic. Siempre me acuerdo de lo bueno que me diste y hoy en concreto no puedo decir que no te eche de menos. 


Las razones patinan cuando los sentimientos se pringan. El orgullo se cae cuando la coraza se nos desmorona. Alguien pisó mi casa y ahora en vez de verme como un caracol todos creen que soy una babosa lánguida. Nunca me acuerdo de que el folio se acaba.



A veces el tiempo no pasa, solo pesa, como si tuviéramos un agujero negro al lado y deseásemos que al final del día nos absorbiera para renacer mañana. A veces es mejor no ser tan poético, ni ser tan metafórico. No, a veces hay que ser tan inmensamente franco como la hostia que te llega sin verla venir, como las babas que salen por la boca abierta cuando nos dan el revés y no hemos esquivado el puño. Sí, a veces hay que ser directo y lo obtuso guardarlo para cuando escribes canciones que no quieres que nadie entienda desde la franqueza tibia. Ojalá hubiera seguido aprendiendo de ti en vez de huir dando vueltas dentro de mi propia jaula. Como si de una jaula pudieras irte a algún sitio. 



Siempre que hablábamos de tinder te mostraba mi rotundo rechazo a la aplicación, alguna vez me dijiste que si me hubieras salido te hubiera deslizado a la izquierda. No tenías ni la más remota idea de lo que estabas diciendo, pero tranquilo, nunca lo sabremos porque tinder me cerró la cuenta diciendo que infringía las normas. Ya ves tú, como si no hubiera hecho match con mil cuentas anónimas como yo. Debí escocerle a más de uno, pero la historia de #strinderthings llegará en otros capítulos pronto, cuando tenga ganas de hablar de personajes y otras personas majas.


Seguro que tú sí me hubieras deslizado a hacia la izquierda.




Sin darme cuenta, me ha salido un pseudopoema aquí.






domingo, 22 de agosto de 2021

11. El patio del colegio, el patio de la vida.

Para escuchar mientras si quieres Iseo - El camino



Cada persona es un mundo, sus circunstancias, intereses y debilidades. Durante la Historia más cercana conocida (y seguro que por mi desinformación desde siempre) la religión inunda las culturas y creencias de las personas y por ende comportamientos sociales, aunque incluso no seamos personas religiosas. 



Si los dioses no tuvieran un séquito de creyentes las religiones no existirían. El Anticristo de Nietzsche bien explicaba que el hombre crea a dios y es quien lo destruye, mencionarlo aquí no es con el fin de hablar de filosofía, ni siquiera de filosofar, sino de trazar un pensamiento tan dominguero que te corte la siesta. Así, por joder. A dios no le importa que creas o no en él, qué más da, nadie puede demostrar que exista o no.



La ciencia, biología, química, física, matemáticas... (por cierto, inciso, son femeninas, ¡ja!) A ellas les da igual que creas en ellas o no, que las entiendas o no, te van a aplastar igualmente en tu existencia, te jodes; por mucho que las niegues ellas van a joderte la vida a ti, que las niegas, que te escabulles pensando que si no crees en ellas no enfermarás, ni vas a morir. La ciencia es una doctrina, dicen... Pues mira, si lo es bendita sea para que me ayude a entender mejor el mundo en el que vivimos y lo ínfimamente pequeños que somos. Es como quien niega que la tierra sea redonda en pos de una superficie plana, quien niega que las estrellas no emiten luz propia o quien ha visto “the good place” y se lo ha tragado. A la tierra le da igual que creas o no en el calentamiento global, que seas consciente de que reciclar no es suficiente sino no consumir productos de plástico con tanta frecuencia y reutilizar todo lo posible. Claro que al planeta le da igual, va a seguir girando y se va a reír de ti cuando mueras por egocéntrico, porque tu opinión a la ciencia – que al final es nuestro funcionamiento y forma de vida – le va a dar igual y va a seguir su curso. Y si contribuyes a destrozar la vida alrededor a la flora y la fauna el que va a morir en peores condiciones serás tú, por supuesto que al planeta le va a dar absolutamente igual, a quienes no les va a dar igual es a tus hijos o a tus nietos, porque van a respirar mierda. Y van a comer “vaya usté” a saber qué, por no ser más soez.



Con tanta tecnología y tanta sobreinformación nos hemos vuelto expertamente idiotas, sí, idiotas. Pero de forma expertamente cuñada. Fui de las personas ilusas que pensó que saldríamos mejores y más unidos de esta pandemia. Y al final de todo esto veo la máxima dicotomía que ya percibía hace años. Cada día veo noticias relacionadas con el año 2023 se me revuelve el estómago y recuerdo aquel sueño que brevemente narré en la primera entrada de este blog . Volviendo al hilo, no hemos salido mejores, en cuanto a unidos se refiere, qué va... Seguimos igual de polarizados y separados, unos llenos de amor y otros de odio, unos más egoístas y otros con más sentimiento de cuidar a la manada, porque cuidarte tú, es cuidar a los de al lado.



Algunos ya sabíamos disfrutar de la soledad antes, sabíamos enfrentarnos a la ansiedad, a la angustia de no aguantarse un día a uno mismo, pero hemos aprendido y mucho a desarrollar la paciencia, a soltar mierda incomprendida en twitter pero no a ser una persona que va predicando con lemas anti bullying pero luego se dedica a ir contestando de malas formas por redes a otras personas con el fin de amargarlas. Los amargados han crecido en número. Y la verdad, faltan una infinidad de psicólogos por seguridad social, yo hace tiempo he perdido el tanto y no sé ni a qué deporte estamos jugando. Cada día observo más faltas en la educación, el respeto, la empatía y la humildad de callarse antes de meter la pata y hacer daño, con lo fácil que es preguntar primero... No podemos opinar sobre los derechos de otras personas como si tuviéramos el mismo derecho que a comentar lo que ha subido todo de precio, que una cosa es la sandía y otra el sufrimiento ajeno. 



Los adultos que de niños no hicieron nada en el patio del colegio mientras otros se pegaban eran culpables por callar o animar la pelea, si nunca tenías un problema enhorabuena por ti. Pero solo quiero reflexionar sobre este patio de adultos, plantearnos quiénes fuimos en el colegio y quiénes somos ahora ayuda, no es fácil volver atrás y recordar, seguro que hay mil cosas de las que nos arrepentimos, seguro que a todos nos han hecho daño y lo hemos hecho, la cuestión es si queremos ser mejores personas o terminar de destrozarnos los unos a los otros con nuestras pesadas y punzantes mochilas. Durante estos años me he autocensurado mucho con el miedo a que expresarme hiciera daño a otros, porque a mí me han hecho muchísimo daño y yo también lo he hecho. Porque hablamos mucho y pensamos poco en el de al lado, dónde quedó saber escuchar y aprender de los demás... Malas noticias, la vida es una escuela hasta que llega tu hora.

domingo, 8 de agosto de 2021

10. Las pulgas.


 Yo nunca dejé de ser yo aunque me quedase sin voz. Yo nunca dejé de ser yo aunque me cortaran al hablar. Nunca morí del todo aunque a más de uno le hubiera encantado. Nunca me callaré, nunca más, porque tú me digas que puedo seguir tu ejemplo de callada. Porque invalidando mi voz levantas la tuya. Nunca más me callaré ni flaquearán las fuerzas que me hacían levitar llenas de aventuras inéditas y jamás contadas. Me quieres callada y vacía y siempre me hablas seria y fría, como si pisándome y haciéndome daño tú fueras una persona más necesaria en el mundo. Te hablo a ti pero no eres tú. Incluso te hablo en singular cuando me refiero a muchas pulgas, las que me picaban como si fueran garrapatas y pululaban su existencia alrededor, porque soy perro flaco. Esas mismas pulgas que te dejan granos que pican, que se inflaman, que duelen y vuelven a picar. Me quieres callada porque te molesta mi luz hasta cuando soy penumbra, me quieres muda, sin voz ni pensamiento, porque no soportas que tenga ideas propias o que, incluso, en determinados campos sepa mejor de lo que hablo y no sea una verborrea vacía como lo es tu vida. Porque para sentirte a la altura tienes que conseguir hacer pequeños a los que tienes al lado, eso o rodearte de gente que es más pequeña aún que tú; es más, no es que sean más pequeños que tú, es que los has hecho a tu imagen y semejanza. Con lo fácil que es mirar a la luz e ir hacia aquellas personas que tienen más luz para podernos alumbrar mejor, para crecer con ellos... Ya ves, hay personas que tienen más facilidad para formar enlaces, no soportan estar solos y han de dirigir una manada, por eso necesitan tener muchas valencias, para encajar con todos y a cada cuál contarle una mentira. Luego estamos las personas que nos parecemos un poco más a los gases nobles, porque ligamos muy poco con nuestro alrededor, y no me refiero a sexo y amor precisamente.


Nunca dejé de ser yo, nunca dejé de pseudoescribir prosa y poesía, ni de tener curiosidad por la fotografía. En realidad antes de ir a Madrid para algunos yo era un bicho raro bohemio, la artista y la dramas. Llámame lo que quieras, pero déjame en paz. Y, sobre todo, deja de creer que eres el ombligo del mundo. Nadie es tan importante, como hablábamos una amiga mía y yo, no somos nadie ninguno. Así que focalízate en ti, tus virtudes y miserias y deja las demás. Búscate, encuéntrate y deja de intentar joderle la vida a los demás. Ya sé lo que ocurre cuando descubro a una persona sociópata, que cuando te descubro ya no tienes poder sobre mí. Quítate la máscara, cariño, te he pillado. 


Estas personas a veces se esconden entre supuestos amigos e incluso entre la familia. Vale más identificarles aunque parezca tarde que darles el poder de que nos chupen la vida mientras esta dura. Brilla, cariño, no dejes de intentar tener tu luz propia, si no ve a una ferretería a comprar una bombilla, pero deja ya de puentear coches ajenos. Para ser un buen macarra hay que tener corazón y tú no llegas ni a aprendiz. Parece baladí pero cuando tienes corazón, aunque estés triste, este te lleva donde haga falta, la energía está siempre en tránsito. En cambio, cuando no hay corazón todo es impostado. Sólo se huele la ambición, la ambición carente de alma y de metas te lleva a tu misma mierda de siempre. Dice más de alguien sus palabras que su silencio. Por eso jamás me verás conspirando ni poniéndote a nadie en contra, porque a la gente se la huele al final, tarde o temprano. 


Ya ves, yo no creo en dios pero va a ser verdad aquello de “Dios los cría y ellos se juntan”. Vaya que sí, porque cuando alguien falta en el grupo le despellejáis vivo. Aún estando yo delante. He decidido dar la espalda y no mirar atrás a ese espacio tiempo nunca más, porque hasta mis peores adversarios en la vida merecen un hueco en mi vida. Existe un código de lealtad, de franqueza. Una cosa es ser mala persona y otra bien distinta es planear cómo poner a un número determinado de personas en tu contra y en la lejanía. Es duro, sí, pero no estás solo, porque aunque tu intención fuera esa, mis amigos siempre han estado y estarán ahí. Sí, aquellos de los que hablaba antes, los de verdad, los indispensables. Porque aunque quisieras dejarme sola no solo tengo a las personas que de verdad me quieren, también me tengo a mí. Y tenerse a uno mismo es algo que ni tú conseguirás jamás por esos caminos baldíos. Aunque sientas o digas que eres una persona madura, alguien maduro jamás lo diría de sí mismo ni haría lo que me hiciste. Tan defensores de los derechos humanos, tan digno de bullying de patio del colegio, tan digno de persona preguntona. Uno no pregunta el pecador cuando te cuentan un pecado. Así son las cosas y así se las hemos contado.


La ansiedad que pueden generar las pulgas y las garrapatas no se las desearía jamás a nadie. Ser consciente de que te están haciendo luz de gas tampoco. Pero diré algo: la gente que te pegaba en el cole cuando tenías 4 años, que conspiraba en el instituto y manipulaba a todo el mundo... Esa gente no cambia y te jode la vida en tu trabajo. Huélela, apestan a kilómetros. No te repitas demasiadas veces que la primera impresión falla: a veces falla y a veces no. Pero cuando tu estómago ruge es porque percibe a los parásitos, escúchalo... 

domingo, 25 de julio de 2021

9. Pensamientos domingueros.

 En voz alta digo “ect”. E, T, C. No digo etcétera casi nunca. No digo etcétera aunque no tenga sentido leer etc.


Hoy me apetecía estar conmigo, el sábado ha sido el día del silencio. Es de madrugada y estoy apuntando cosas subrayadas del libro “Desde mi celda” de G. A. Bécquer. No he contestado ningún audio, ni tampoco he gesticulado palabra en todo el día. Creo que solo he hablado a una hormiga. Y al resto solo he respondido por texto. Algún rato he puesto música o alguna entrevista del YouTube, últimamente me gusta mucho el formato entrevista de tú a tú. Pero hoy he quitado todo en menos de un minuto, me aturdía, las palabras comenzaban a parecer ruido. El silencio, la calma. Escucho pájaros, algún coche rara vez, el crujir del techo de madera por las dilataciones, el ruido de la nevera. Me apetecía mucho estar conmigo, rara avis, estar en mí. Cuando limpio suelo hacerlo con música, por eso hoy no he limpiado, como cada fin de semana.


Todo empezó porque al terminar de escuchar un audio en la mañana éste terminaba con música muy alta, con mucho ruido... Me quedé tan noqueada por ese estruendo que me instalé en el día de estar callada. De cerrar persianas o cerrar ventanas, volver a desayunar, leer y escribir aquellas cosas que me gustan del libro que te he contado.


– El sábado sentí que necesitaba estar conmigo, sin emitir mi voz al exterior. Conmigo o en mí, me echaba de menos. – 


  • Ribazo:


  1. Porción de terreno con una pendiente muy pronunciada entre dos zonas de distinto nivel como el que hay en el margen de una carretera o de un río.

  2. Talud entre dos fincas que están a diferente nivel.



Está oscureciendo mientras se oyen las campanas de la iglesia, ya son las diez. También, como cada uno de estos ratitos después de regar, me siento a leer hasta que anochece y a veces, como en esta ocasión, se oye un ligero piano de fondo, como si un vecino estuviera tocando o con música de piano muy alta. A veces escucho el canto lírico de una mujer. Da igual en dónde me encuentre, la música me persigue allá donde vaya. Estos ratitos le saben a uno a gloria bendita. 


En esta casa el tiempo me lo va dando el sol. No hay ningún reloj haciendo tic-tac así que solo soy consciente de la hora si miro el teléfono móvil. Mis rituales o hábitos diarios me van marcando un patrón de aprovechar el sol. Leo mientras desayuno, me doy tiempo de hacer cosas que me gustan desde que me levanto, normalmente toco el chelo por las mañanas, limpio los fines de semana y también cocino para varios días, voy a ver a mis padres un día a la semana... Me he ido acostumbrando a tener un patrón más improvisado y de incertidumbre para los proyectos.



Mi reincidente tentativa de cerrar toda red social por un tiempo acecha y solo dedicarle a cambiar el móvil por los libros al silencio. Supongo que esa es mi zona de confort y de realización personal. Autoconocimiento. Cono y cimiento, esto está en obras. Cada vez echo más de menos Zaragoza. Me acuerdo mucho de la casa de los libros, en aquella época comencé a leer más ensayo, novela, filosofía... 



Desde este silencio durante todo el día, sentía que podía ver cómo la sociedad se iba encontrando y estando en su vida con diversas personas. Si nos alejamos de esto podemos ser un punto que se ha pausado. Un punto que no tiene otros puntos alrededor.



Creo que hasta la adolescencia odiaba el campo, no era por todo lo bonito y divertido que me transmitía estar en él, sino por toda la cantidad de bichos que me picaban. Me pasaba el día con picaduras que se hacían mucho ronchón. Últimamente, en estos ratitos de leer hasta el anochecer, me acribillan los mosquitos. El campo me ha ido gustando más de mayor, al igual que interesándome más conocer sus animales y plantas más al alcance de mi vista, aunque curioseo bastante sobre arañas, que son lo que más cerca tenemos.



Oigo el maullido de un gato. Luego otro ruido. Presumo que hay pelea entre dos gatos o algo parecido por los gruñidos y la estampida. 



  • Alborada: es un poema o canción destinadas a cantar la mañana; así mismo, se cataloga como alborada la composición lírica o musical que trata el tema de la separación de los amantes al amanecer.



Algunos perros ladran por las noches, también oigo a chavales que se reúnen en las calles o alguna plazuela. Seguro que en un rato aparece la araña lobo buscando algo atravesando la salita. Hoy se retrasa, como ayer y como anteayer. Ya la llamo Úrsula, creo que forma parte de la familia, de momento es una la que permanece y es macho, a no ser que no me haya informado bien, tengo entendido que las hembras nunca salen de su gruta vertical salvo cazar algo que esté en la orilla.


Escucho un ruido proveniente de afuera a la vez que de dentro. ¿Un cambio de presiones? ¿de aires en circulación? Eran ruidos con movimiento. En la noche también hay bichos. Hace un rato Úrsula ha salido trotando, que no cabalgando, he querido escuchar a la vez que ver un movimiento muy rápido, como un trotado leve, un sonido nuevo. Así entiendo que se llamen arañas lobo.


La noche también tiene su magia. Su levedad y su peso. Su tranquilidad e inquietud agudizan el oído. Vuelvo a escuchar ruiditos que me mantienen en alerta.


Decido irme a dormir. Las mañanas suelen ser siempre iguales, desayuno alrededor de las 8, variando el día. Llevo días que me duermo por las esquinas. Hoy el día está un poco triste, ayer sábado le dije a mi madre que mejor me quedaba, y que parecía que llovería, el tiempo no lo avisaba. Hoy ha sido un domingo raro, de esos en los que no sale el sol, miro el tiempo, no pone nada. Empieza a tronar, horas diluviando, parando y lloviendo, parando y diluviando. El olor era como el que me gusta de las tormentas y el suelo mojado. Los pájaros comienzan a cantar y me recuerdo que aunque empecé a escribir desde el domingo por la noche, hoy me ha costado bastante volver a retomar el teclado, siempre escribo a mano.


Todo esto son pensamientos domingueros, rutinas, reflexiones, tonterías... Este es un lugar donde parar los domingos, me gustan los domingos, siempre me gustaron. Desde niña tuve el hábito de hacer deberes y después escribir algunos versos o canciones, abrir la enciclopedia y descubrir palabras nuevas. Me gustan los domingos. Para mí siempre los domingos son soleados, menos hoy. Hoy estaba gris, como el cielo. Hoy decidí no poner música para ducharme, escuchaba de fondo el diluvio y los truenos.


Pensamientos domingueros son tonterías y a lo mejor algún acierto. Alguna reflexión, sensación... Pues nada, a finales de año, de un texto que escribí ad libitum y diciendo claramente que había cosas reales y ficticias, obtuve un comentario muy feo de una persona que conocía, donde lo más gracioso que me decía era que eso eran pensamientos domingueros de chica de ciudad, pero da la casualidad de que conocía el campo desde niña. No restando ser de ciudad, sino invalidando todos mi años de aprendizaje sobre cosas que me van interesando. Cerca de las navidades tenía el gusanillo de volver a tener un blog donde volviera a volcar en cosas que me fijaba en la rutina de la vida, decidí ponerle ese nombre: Pensamientos domingueros.


Usar ese tonto insulto que tanto me dolió, entre otras perlas, era una forma de utilizarlo de escudo y reírme un poco. ¡Al final me había dado hasta una idea! Pero no me atrevía a empezarlo, recuerdo tener pendiente compartir mi reflexión sobre aquella época #strinderthings, pronto llegará. El caso es que cuando salió “Puta” de Zahara, me removió mucho, empecé a recordar cosas del pasado, cosas dolorosas y a la vez comprender de dónde venía y dónde quiero ir, qué cosas cambiar... Ese disco debe ser algo así como ir a terapia un tiempo. Un día dije: – Venga, va. He vuelto a ser el bicho raro que soy, y me acepto. 


Y aquí estoy cada domingo, compartiendo alguna cosa que se me pase por la cabeza el mismo domingo. En la vida digital siempre acabo percibiendo todo muy polarizado, con falta de mediaciones; en mi vida terrenal percibo lo que observo, y como siempre, si alguien se equivoca en este entorno soy yo, la naturaleza tiene sus propias leyes y funcionamiento. Ella no se equivoca, te aplasta. Y empezar a curiosear sobre ella me acerca al sentido de la vida. Como si la respuesta siempre estuviera ahí afuera, en las dudas y en la observación. 

Pues ya estaría.

domingo, 18 de julio de 2021

8. Soledad: la vida es eso.

 Puedes escuchar esto mientras lees


Dicen que el ser humano es sociable por naturaleza. Quizás sea que no soy humana, por eso siempre digo que soy de Plutón... Creo que ya entendí por qué a mí la soledad me resulta tan adictiva... La verdad es que es cierto que de vez en cuando sí siento verdaderas ganas de ver a mis seres queridos, ahí donde cabe parte de familia y amigos más íntimos. Pero no toda la familia, ni todos los amigos. Sólo aquellos más indispensables. Cuando disfrutas de verdad de la plenitud de la soledad sabes, o de un modo diferente, te das cuenta de con qué personas sí necesitas mantener el contacto más continuo y aprendes a disfrutar de los momentos de otro modo más pausado, más lento como un caracol. Te das cuenta de que los momentos son mucho más intensos y saboreas las palabras con más gusto, te da tiempo a paladear el propio tiempo y a estirarlo como un chicle, no a masticarlo y engullirlo como si fuéramos un lobo hambriento. Te da tiempo a paladear el tiempo, te da tiempo al tiempo...


40. La pantomima de la cuerda.

 La pantomima de la cuerda: Cuando no sabes si estás trepando o si tiras de ella hacia arriba con un peso atado. Si trepas, vas viendo mover...